La Entrevista Motivacional.

En el año 1984, dos profesores de Psicología, presentaron en un Congreso su Teoría del Cambio con su modelo Transteórico y las etapas del cambio. En ese mismo Congreso, Miller expuso su teoría de la motivación, que llamó la Entrevista Motivacional, que encajaba muy bien con la etapa de la ambivalencia del Modelo Transteórico.

Qué es la Entrevista Motivacional.

En pocas palabras: un enfoque de terapia breve para motivar el cambio.

Está basada sobre todo en dos antecedentes. La Terapia Centrada en el Cliente de Carl Rogers, enfatizando la calidez, aceptación incondicional y comunicación empática del terapeuta; y en la Disonancia Cognitiva de Festinger. Este concepto, a su vez, indica contradicciones entre pensamientos y acciones que provocan malestar interno en la persona.

En la Terapia Cognitivo Conductual, se pueden enseñar habilidades y técnicas para el cambio. Pero esto será efectivo porque ya hay una disposición para cambiar. Pero cuando esto no es así, la Entrevista Motivacional se hace necesaria para lograr ese deseo o motivación intrínseca a cambiar lo necesario para la coherencia pensamiento-valores-actos.

Aplicaciones.

Este enfoque demuestra eficacia en adicciones, adherencia a tratamiento en pacientes de salud mental y en pacientes de tratamientos crónicos, trastornos de la alimentación, deporte, sexo, entre otros problemas.

Sobre todo está indicada cuando la persona se encuentra en un estado de ambivalencia, con razones para seguir con sus conductas perjudiciales pero también para no hacerlo, y en general, es cuando las consecuencias negativas son más graves que las positivas, cuando será más probable la disposición al cambio.

En qué consiste.

En hacer conscientes las discrepancias entre lo que para la persona es valioso y los comportamientos relacionados que lleva a cabo en contra. No se trata de imponer cambios, sino que esa persona vislumbre por sí misma qué cambios desea realizar y encuentre su motivación interna, a su ritmo, confiando el terapeuta en sus habilidades de encontrar sus propias soluciones.

Para ello, el terapeuta necesita manejar ciertas técnicas de comunicación, entre las que resalta la escucha activa y empática, para poder establecer una buen rapport, desde donde poder hacer esas devoluciones pertinentes para crear las discrepancias necesarias. El terapeuta no lucha contra las resistencias del paciente, sino que las entiende como una necesidad de hacer un giro en su posición. Y demuestra auténticamente que confía en la autoeficacia de la persona que tiene delante, en su capacidad de cambiar en la dirección que alinee sus valores con sus conductas, de manera que se convierta en una profecía que se cumple.

 

Autor:

Concha Nortes

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