La mirada

La mirada de dos chicas

Últimamente me doy cuenta, cuando camino por la calle o viajo en transporte público, de que la mayoría de las personas llevamos la mirada fija en una pantalla. Esos padres y madres que empujan el carrito del bebé o están sentados en el tranvía junto a sus hijos, pero van enviando audios o escribiendo mensajes. Mientras tanto, sus hijos, desde el carrito o el asiento de al lado, buscan la mirada de sus padres y la encuentran ausente.

Siempre se ha dicho que nos construimos a través de la mirada de nuestros padres o cuidadores. ¿Qué sucede si esa mirada se convierte en una “no mirada”?. Y si ya duele encontrar ciertas miradas, imaginemos lo que significa no encontrar ninguna.

Tomemos conciencia de ello.

Es verdad que, casi sin darnos cuenta, nos adentramos en el mundo de las pantallas y luego nos quejamos de que nuestros hijos no se separan de ellas. Y es cierto. Pero, ¿qué ocurre con esos niños pequeños que, desde sus carritos o sofás, ya tienen en sus manos un móvil que les da acceso a todo tipo de contenidos —o que los bombardea— sin control?

Me viene a la mente un refrán que me gusta mucho: “Esto es pan para hoy y hambre para mañana”. Puede que estén entretenidos y no den problemas, pero les estamos negando la posibilidad de explorar, de observar lo que les rodea, de interesarse por su entorno, de avivar su curiosidad, de interactuar con otros en la presencia y de disfrutar del contacto con la naturaleza. Les estamos privando de entender que las estaciones pasan, que los paisajes cambian y que el mundo real es un lugar lleno de aprendizajes.

Si aprenden del mundo solo a través de las pantallas, serán más vulnerables a la manipulación. Por eso creo que es deber de todos reflexionar y actuar.

Autor:

Concha Nortes

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