Ansiedad funcional: cuando parece que todo va bien, pero tú no lo estás.

Hombre tocándose la sien en plan concentración o de desestresamiento

En la sociedad actual, hay personas que se han acostumbrado a un ritmo de vida frenético, y continúan delante con su día a día, sin que nadie note si les pasa algo o no.  

En la parte laboral, cumplen con su trabajo, atendiendo a sus responsabilidades; a nivel social, están pendientes de los demás y de las necesidades de los mismos y, a nivel personal, cumplen con su rutina. Todo esto, visto desde fuera, genera la imagen de una persona fuerte, resolutiva y estable. Sin embargo, de forma interna, la vivencia puede ser muy distinta. Existe cansancio, saturación, un estado de alerta constante y la sensación de ser incapaces de desconectar.

En la mayoría de los casos, notan que algo no va del todo bien, pero no saben identificar qué es, y se camufla con el pensamiento de: “todo debería estar bien”. Y en ese camuflaje es donde se asienta la ansiedad funcional.

No es un término muy popular, pero sí una forma de malestar muy habitual, donde se ignora el nivel de tensión y el desgaste emocional de la persona con el objetivo de seguir funcionando, cumpliendo y avanzando. Spoiler: todo esto pasa factura.

¿Qué es la ansiedad funcional?

La ansiedad funcional es un estado de hiperactivación en el que la persona continúa con su vida cotidiana, pero desde un estado de alerta interna permanente.

No se manifiesta de forma evidente, es silenciosa y puede pasar desapercibida: pero el cuerpo lleva la cuenta. La persona sigue siendo productiva, responsable y resolutiva, pero a costa de una exigencia interna muy alta, una vigilancia mental continua y una gran dificultad para descansar o desconectar.  De forma generalizada, la ansiedad implica preocupación intensa, tensión física y síntomas cognitivo-conductuales que suponen una interferencia en la ida de la persona cuando persisten en el tiempo.

¿Te sientes identificado con alguna de estas frases?:

“Estoy cansado todo el tiempo, pero no sé parar”

“No sé qué me pasa, si lo tengo todo”

“No paro nunca, y cuando consigo hacerlo, me encuentro peor”

“Sigo haciendo mi vida, pero siento que no la disfruto”

Si es así, puede que padezcas ansiedad funcional y no te estés dando cuenta.

¿Cómo identificar la ansiedad funcional?

No todas las personas la viven igual, pero comentamos algunas señales que suelen ser comunes y nos pueden ayudar a identificarla.

  • Dificultad para desconectar:
    • Incapacidad de evadirse, incluso cuando ya han terminado las tareas del día. La mente sigue repasando cosas, anticipando problemas o buscando nuevos objetivos o tareas que realizar. Hay una sensación constante de tener algo pendiente, aunque objetivamente no lo haya.
  • Autoexigencia constante:
    • Se manifiesta como una culpa al parar o descansar, acompañada de una sensación o pensamiento de no ser o no estar haciendo suficiente, provocando irritabilidad, agotamiento mental y perdiendo la capacidad de disfrutar de momentos tranquilos.
  • Tensión permanente:
    • No siempre se percibe o identifica como ansiedad en el sentido clásico. Se vive como una forma de estrés o tensión mantenida.

¿Por qué aparece?

La ansiedad funcional no suele tener una sola causa.

Se va formando poco a poco, como resultado de las experiencias vividas y los patrones de funcionamiento desarrollados como resultado de vivir demasiado tiempo a través de una autoexigencia elevada, necesidad de control y sobrecarga emocional.

Se asocia con periodos de estrés prolongado, que suele ir acompañado de una historia de vida caracterizada por la necesidad de cumplir, de demostrar la capacidad y la valía de la persona, junto con una dificultad para pedir ayuda, por lo que la idea o la intención de bajar el ritmo, no es una opción real, en vez de generar alivio, genera malestar.

Durante el desarrollo de la persona, puede haber aprendido que funcionar bien, ser útil o poder con todo, es aquello que aporta seguridad, sensación de control y, como consecuencia, valía. En estos casos, la persona se habitúa a tirar de sí misma, aunque esté agotada. Lo que lleva a una normalización del malestar.

¿Qué consecuencias genera?

El principal problema de la ansiedad funcional es la dificultad para detectarla, pues la persona sigue cumpliendo a pesar de estar mal, enmascarando los síntomas y permitiendo que aumenten de forma silenciosa, pero a un alto coste.

Con el paso del tiempo puede aparecer la siguiente sintomatología a diferentes niveles:

  • Nivel emocional:
    • Mayor cansancio, irritabilidad, desconexión afectiva, sensación de vacío, anhedonia o la dificultad para disfrutar de cosas que antes sí generaban placer.
  • Nivel cognitivo:
    • Mayor bloqueo, tendencia a la procrastinación puntual, olvidos o dificultad para prestar atención.
  • Nivel conductual:
    • Problemas de sueño, tanto de conciliación como de no tener un sueño reparador, cambios en el apetito y movimientos corporales repetitivos.

A veces no es que la vida esté yendo mal, si no que la persona lleva demasiado tiempo sosteniendo un modo de funcionamiento que desgasta por dentro.

7 estrategias para ayudarte a salir de este patrón

  1. Nombra lo que te está pasando.
    Ponerle nombre puede que no resuelva todo, pero sí que genera alivio. Significa que entiendes que no eres débil ni vulnerable, tampoco incapaz. Si no que puede que estés viviendo con ansiedad funcional.

  2. Revisa tu autoexigencia.
    Para ello, hazte las siguientes preguntas: ¿Estoy intentando llegar a todo siempre? ¿Me hablo mal cuando no rindo igual? ¿Siento que descansar es perder el tiempo?
    Muchas veces, detrás de la ansiedad personal, hay un patrón de rigidez interno. Tomar conciencia de ello puede suponer el primer paso para dejar de seguir este patrón de forma automática.

  3. Introduce pausas reales.
    No todo descanso tiene que ser útil o productivo. Necesitamos aprender a estar sin hacer nada, y que ello no suponga la aparición de la culpa. Muchas veces, descansar significa simplemente bajar el ritmo, bajar el nivel de exigencia durante unos minutos.
    Para ello, puedes probar a salir a caminar sin un objetivo concreto, pausar el uso de pantallas durante 5 minutos, respirar de forma consciente y pausada, sentarte un momento sin hacer varias cosas a la vez, o tomar una infusión, con calma y sin distracciones.
    Pueden parecer gestos pequeños, pero para aquella persona que vive en un estado de alerta constante, estos gestos en sí suponen una forma de regulación.

  4. Observa qué pasa cuando paras.
    Muchas personas con ansiedad funcional, conectan con la frustración en cuanto paran pues, en ese momento, se encuentran peor. La mente empieza a acelerarse más, el cansancio es más evidente y el malestar, también.
    Esto no significa que la persona no sepa descansar si no que, llevaban tanto tiempo sin hacerlo de forma eficaz, que cuando lo consiguen, cuando desaparece el ruido externo, se hace evidente el cansancio real del cuerpo.
    Es importante hacer hincapié en la interpretación de estas situaciones. No es “no sé relajarme”, sino “me doy cuenta ahora de lo cargado que estoy”.

  5. Cuida el cuerpo como parte del proceso.
    La ansiedad no se queda solo a nivel mental, el cuerpo también sufre. Para cuidar al cuerpo, puede ser de ayuda mantener horarios de sueño estables, reducir el abuso de pantallas al final del día, realizar movimiento físico y evitar encadenar jornadas largas e intensas sin pausas reales.

  6. No midas tu valía en acciones.
    Esta parte es fundamental.
    Cuando la persona ha aprendido a sentirse válida a través del rendimiento, bajar el ritmo puede remover mucho y como consecuencia pueden aparecer pensamientos como: “si no lo hago o no lo consigo, no valgo”, “no me puedo permitir bajar el ritmo”, “tengo que poder con esto sola”.
    Cuestionar la asociación entre productividad y valor personal es una tarea complicada, pero puede suponer una transformación duradera en la manera en la que te relacionas contigo mismo.

  7. Pide ayuda antes de estar desbordado.
    No es necesario tocar fondo para solicitar ayuda.
    De hecho, cuanto antes se entienda que uno está sometido a un estado de alerta constante, más fácil resultará intervenir, evitando que el desgaste sea mayor.
    Buscar ayuda no es un síntoma de debilidad o fracaso, significa que estás empezando a cuidar aquello que llevas demasiado tiempo sosteniendo en soledad.

¿Cuándo conviene consultar con un profesional?

Es recomendable que busques apoyo psicológico si sientes que vives en un estado de tensión permanente, si te cuesta desconectar, aunque no haya una urgencia real, si notas que el cansancio emocional percibido es cada vez más intenso o si tu descanso, concentración o estado de ánimo empiezan a verse afectados.

También puede ser conveniente consultar con un profesional si te has acostumbrado tanto a funcionar así que ya no recuerdas cómo era vivir con más calma.

En Psicosent podemos ayudarte       

Desde Psicosent acompañamos a personas que, a pesar de seguir funcionando por fuera, por dentro sienten cansancio, presión, autoexigencia y desgaste.

Desde un enfoque cercano, profesional y adaptado a cada caso, trabajamos para comprender qué está sosteniendo ese estado de alerta y así poder ayudarte a recuperar el equilibrio y bienestar deseado.

Porque a veces no necesitas exigirte más, a veces, necesitas entender por qué llevas tanto tiempo funcionando en modo de supervivencia.

Autor:

Sara Balbás

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